Eran como las pieles de una cebolla

"...El Nagual me dijo que los seres humanos eran criaturas frágiles compuestas por muchas capas de luminosidad. Cuando los ves, parecen poseer fibras, pero éstas son en realidad capas, semejantes a las de una cebolla. Las sacudidas, de cualquier clase que sean, separan esas capas y pueden producir la muerte.
Se puso en pie y me condujo a la cocina. Allí nos sentamos, el uno frente al otro. Lidia, Rosa y Josefina estaban atareadas en el patio. No alcanzaba a verlas, pero las oía conversar y reír.
-El Nagual decía que nuestra muerte es consecuencia de la separación de las capas -dijo la Gorda-. Las sacudidas siempre las separan, pero vuelven a unirse. No obstante, a veces, la sacudida es tan violenta que las capas se distancian entre sí hasta el punto de no poder volver a juntarse.
-¿Has visto alguna vez las capas, Gorda?
-Claro. Vi morir a un hombre en la calle. El Nagual me contó que tú también habías dado con un hombre en trance de muerte, pero no le habías visto morir. El Nagual me hizo ver las capas del moribundo. Eran como las pieles de una cebolla. Cuando los seres humanos se hallan en salud, semejan huevos luminosos, pero si están enfermos comienzan a descascararse como una cebolla.

                       

-El Nagual me dijo que tu segunda atención era tan poderosa que pugnaba constantemente por salir. Él y Genaro tenían que unir tus capas, pues de otro modo habrías muerto. Por eso estimaba que tu energía podía alcanzar para permitir la aparición de tu nagual por dos veces. Quería decir con ello que te era posible conservar las capas en su sitio por ti mismo en dos oportunidades. Lo hiciste más veces, y ahora estás terminado.
Ya no posees la energía necesaria para mantener unidas tus capas en caso de otra sacudida. El Nagual me encargó cuidar de todos; en cuanto a ti, debo ayudarte a apretar tus capas. El Nagual decía que la muerte las separa. Me explicó que el centro de nuestra luminosidad, la atención del nagual, ejerce permanentemente una fuerza hacia fuera, y que esa es la causa de que las capas se separen. De modo que a la muerte le resulta fácil introducirse en ellas y separarlas por completo. Los brujos tienen que hacer todo lo posible para mantener unidas sus propias capas. Por eso el Nagual nos enseñó a soñar. El soñar une las capas. Cuando los brujos aprenden a soñar reúnen sus dos atenciones y ya no es necesario que el centro empuje hacia afuera."