Querendo ser bairalina

"Temo que no se comprenda exactamente lo que yo entiendo por salida. Utilizo la palabra en su acepción mas llana y corriente. A propósito evito hablar de libertad. No me refiero a esa gran sensación de libertad hacia todos lados. Como mono quizá la conociera, y he conocido seres humanos que la deseaban ardientemente. En lo que a mí respecta, sin embargo, no he exigido libertad ni entonces ni ahora. A propósito: los hombres se engañan muy a menudo con la libertad. Y así como ésta se cuenta entre los sentimientos más sublimes, el engaño correspondiente también figura entre los más sublimes. Antes de salir a escena, en los teatros de variedades, he visto muchas veces a alguna pareja de artistas ejercitarse arriba, junto al techo, en los trapecios. Se lanzaban al aire, se balanceaban, saltaban, volaban uno a los brazos del otro, o uno de ellos sujetaba al otro por el pelo con los dientes. "Esto también es libertad humana!", pensaba yo, "movimiento libre y soberano." Oh escarnio de la sacrosanta naturaleza! Ningún edificio aguantaría en pie las carcajadas de los simios ante semejante visión.
No, no quería libertad. Solamente una salida; a la derecha, a la izquierda, a cualquier lado; no planteaba otras exigencias; aunque la salida solo fuera una ilusión no había de ser mucho mayor. Avanzar,avanzar! Nada de quedarse inmóvil con los brazos en alto, pegado a la pared de un cajón!




Hoy lo veo claro: sin esa gran calma interior jamás habría logrado evadirme. Y, de hecho, quizá deba todo cuanto he llegado a ser a la calma que se apoderó de mí tras esos primeros días allí, en el barco. Aunque esa calma se la debía, a su vez, a la gente del barco."

Entranseuntes


"Si de noche salimos a pasear por una calle y un hombre visible ya de lejos - pues la calle es empinada y hay luna llena - nos sale al encuentro, no lo detendremos aunque se lo vea débil y harapiento, ni aunque alguien corra detrás de él gritando, sino que lo dejaremos seguir su camino.
Porque es de noche y no es culpa nuestra que la calle sea empinada bajo la luna llena y ademas, quién sabe si esos dos no han organizado esa percusión para entretenerse, quizá el segundo quiera asesinarlo y nosotros seríamos cómplices del crimen, quizá los dos no sepan nada uno del otro y cada cual se dirija, bajo su propria responsabilidad, a su cama, quizá sean sonámbulos, quizá el primero lleve armas.
Y, por último, no tenemos derecho a estar cansados? No hemos bebido tanto vino? Nos alegramos de haber perdido de vista también al segundo."